Grave peligro para la Reina Blanca. A punto de ser quemada en la hoguera, acusada de entregarse al amor bestial con los caballos, de asomarse desnuda a la ventana de las torres, de corromper a los peones, de quebarar la monástica calma de los alfiles. Indultada sin embargo, y enterrada con honores por sus grandes servicios al estado: sacrificarse al abrazo mortal del Rey Negro, atrayéndolo así a una emboscada en la que también él cae sorprendentemente feliz de haber logrado al fin desmentir su impotencia. (Secretísima envidia del Rey Blanco.)
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